¿Dónde estabamos?

20 11 2008

Hola a todos !! Hace demasiado tiempo que no nos “hablamos”, ¿verdad? Tenemos que diciros que el trabajo es mucho y el tiempo poco, realmente nos faltan horas, deseariamos que los días fuesen mucho más largos para poder estudiar mucho más, ¿sindrome de estocolmo? no creo. El hecho de que estemos aquí es una decisión familiar, por lo menos de Jonathan y de Marta porque Enoc no pudo votar, pero nunca lo hubieramos podido conseguir sin l’Església de Betlem, nuestra comunidad, ellos nos estan apoyando económicamente para esto. Gracias a ellos por esta oportunidad, esperamos que el Señor los bendiga más de lo que nosotros deseamos, ¡que no es poco!
Pues como íbamos diciendo el trabajo está siendo mucho, muchísimo, pero, como Jonathan dice, sarna con gusto no pica. Estamos rodeados de excelentes profesores y de compañeros magníficos, está en mente empezar una sección de presentación, para que podaís conocer a las maravillosas personas con las que compartimos nuestra formación.
Hoy no vamos a explicar mucho más, aunque las letras todavía van a seguir, pero queremos presentaros uno de nuestros trabajos. Todos tenemos que predicar en la capilla que, semanalmante, se celebra los miércoles en el seminario, y queremos compartir con vosotros nuestra predicación. La redacción fue sumamente complicada, los textos no puedes escogerlos, pues seguimos un leccionario.
Realmente el texto era complicado, Mat 25, el Juicio a las Naciones. Desde esta página queremos agradecer a Joana Ortega su ayuda, no porque nos hiciera la predicación, quien conozca a Joana sabrá que ella no te pone la tarea fácil, pero sí sus consejos para extraer el mayor provecho del texto, seguramente sin su ayuda no hubiera sido lo mismo.
Aquí os presentamos nuestro trabajo, para que veaís que vamos creciendo:

Textos: Ezequiel 34:11-16; 20-24. Mateo 25:31-46. Efesios 1:15-23.

Los textos de hoy tienen un claro protagonista: Jesús.
Ezequiel nos presenta a un nuevo gobernador, mi siervo David, dice Jehová. En el evangelio encontramos al Rey y Juez, y en Efesios al Cristo exaltado.

Este es un Jesús que, normalmente, no predicamos, porque se aleja de ese personaje histórico que, últimamente, tanto nos gusta. Ese Jesús más humano, ese Dios hecho hombre que se ha acercado tanto a nosotros, que nos ha hecho sentir su amor en plenitud. Este otro Jesús exaltado nos es más lejano, asusta, porque parece que haya perdido su humanidad y se haya quedado únicamente con su esencia divina.

Los tres textos parecen tener otro denominador común, la esperanza. En el texto del Antiguo Testamento Dios pone en boca de Ezequiel palabras de esperanza para su pueblo cautivo; Pablo nos habla también de la esperanza, instándonos para que perseveremos en ella. Pero, ¿qué sucede cuando nos acercamos al texto del evangelio? A priori no encontramos esperanza, encontramos palabras de juicio. Y me pregunto, ¿es nuestra esperanza un juicio?

No puede ser, los juicios no nos gustan, porque no suelen ser justos, porque la misma ley no acaba de ser justa, porque nuestra ley y nuestros juicios están hechos por hombres y, normalmente, por los hombres poderosos.

El juicio tampoco nos gusta porque implica castigo y conociendo a un Dios de amor, como el que nos presentó Jesús de Nazaret, no entendemos esta otra faceta más sanguinaria.

Así que, con todos mis pensamientos sobre el juicio y el castigo eterno, me acerqué al texto para ver que me explicaba, y me di cuenta de que no me explicaba nada que yo quisiera escuchar. ¿Cuál era el problema? Seguramente que yo no estaba escuchando al texto, porque en mi cabeza sonaban demasiado alto mis preconcepciones y mis prejuicios, el texto quería hablarme y yo misma no le dejaba.

Pero, empecemos por el principio, y situemos al texto en su momento, Jesús ha cedido ir a Jerusalén, no sabemos exactamente por qué, ¿era un kamikaze? ¿era un iluso? Ninguna de las dos posturas me convence. Sigamos, llega a Jerusalén y es aclamado como rey. Malo, ¿qué sentido habría tenido la tentación de Satanás si simplemente con alimentando a cinco mil personas ya conseguía que le siguieran? Tal vez no era este el rey que Jesús quería ser.
En Jerusalén Jesús purifica el templo y empieza sus discusiones con los escribas y fariseos, que intentan hallarle en alguna falta para condenarlo, pero una vez tras otra elude el castigo: en el caso del tributo, con el gran mandamiento, etc. En el cap. 23 se nos explica cómo cargó Jesús contra estos escribas y fariseos y cómo predice la destrucción del templo y, ya más cerca del final, se retira al monte de los olivos, donde sus discípulos, muy preocupados, se acercan a hablar con él: “- Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo? (Mat 24:3b)

Y aquí, los Mateos, nos sitúan los textos con los que nos cuesta tanto comulgar, textos apocalípticos, de exclusión, de juicio. ¿Qué es lo que está pasando? El final se está acercando y Jesús lo sabe, ¿está tan deprimido que se siente desalentado? ¿tiene que consolarse a sí mismo con su gloria venidera para superar este trance?

¿O no? ¿Cómo fue Jesús? ¿era de los que se miraba el ombligo? ¿o de los que se preocupaba de las necesidades de los demás? Y si, estos textos, responden a una necesidad, ¿de quien es? Porque, tal y como nos están sentado estas parábolas, no podemos decir que hablen de nuestras necesidades.

Nos centramos ahora en la parábola del Juicio a las Naciones, “cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos sus santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” No hay opción, está claro que este pasaje tiene una clara revelación escatológica, habla de una venida en gloria y de un juicio.

Hablemos de juicios, en un juicio judío habían implicados tres protagonistas, el juez, que claramente está representado en la figura de Jesús Rey, el ofensor, que, en este caso, son las naciones y el ofendido, ¿dónde esta el ofendido? Esta es una de las paradojas del texto, nos falta una de las partes, ¿o no? Leemos en ver. 40: “respondiendo el Rey les dirá: de cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Jesús es juez pero también es la voz de las víctimas.

¿Y quien son las víctimas? Los que no pueden hablar.

Vivimos en la era de las comunicaciones, donde la información vuela, donde nada tiene porque quedar oculto, donde todos podemos expresarnos, podemos tener un blog, conversar en un Chat con gente de todo el mundo, o conocer las noticias actualizadas en Internet a los pocos segundos de que sucedan. Pero en la era de las comunicaciones siguen habiendo los que no pueden hablar, siguen habiendo mujeres maltratadas que callan por miedo, siguen habiendo inmigrantes explotados que tienen que callar porque viven sin papeles, ancianos abandonados, niños de los que se abusa. Y existen las víctimas que gritan, pero a las que nadie escucha, víctimas de conflictos armados, de países gobernados por malvados, víctimas que nuestros informativos olvidan porque siempre hay algo más importante que contar.

Y entonces decidí volver a acercarme al texto desde otra perspectiva, olvidándome del juez y de los acusados, y le di un nuevo título: justicia para las víctimas.

¿Pero cómo vamos a entender ésta justicia? Dios hace justicia cuando cumple sus promesas, sus pactos. Dios hizo justicia con la encarnación de Jesús, porque cumplió su pacto con Abraham: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”. Jesús vino y cumplió la justicia de Dios, la promesa de bendición, porque es cierto que en él hemos sido todos benditos. Entonces este juicio ¿a que justicia responde? ¿qué pacto tiene Jesús con los hombres?

Jesús vino a traernos el Reino, una nueva sociedad, una nueva forma de entender la vida, el amor y el servicio. Una sociedad donde no hay excluidos, donde no hay marginados, donde todos cabemos, donde todos somos iguales, con los mismos derechos y las mismas obligaciones. Una nueva forma de vivir contrapuesta a los imperios de este mundo, a sus absurdas escalas de valores donde lo importante es lo que tienes o quien eres.

¡Salvemos a los bancos!

¡Salvemos a los bancos!

Las naciones, los imperios, han oprimido al ser humano, lo han explotado, lo han maltratado, lo han violado, han abusado de él, sobretodo de los más pequeños, de los pobres que no tienen voz en nuestra sociedad, de las mujeres, que no se les deja hablar, de los niños, que son fáciles de hacer callar. Los imperios han hecho guerras por dinero, donde han muerto inocentes, han explotado países enteros, para quedarse con sus riquezas, y han abandonado a su suerte a personas bajo el gobierno de dictadores que han asesinado impunemente. En nombre del petróleo y de las riquezas naturales hemos convertido este mundo en un lugar decente solo para unos pocos. Con la bandera del bienestar hemos acumulado para nuestros países occidentales dejando a otros sin nada, sin comida, sin bebida, sin vestido, países llenos de enfermos a los que no mandaremos medicamentos, cárceles que rebosan inocentes, de los que nos hemos olvidado.

El mundo se ha convertido en un lugar donde pocos tenemos el privilegio de vivir dignamente, donde pocos tenemos para comer cada día, donde muy pocos podemos permitirnos el lujo de tener hijos con la esperanza de que vayan a sobrevivirnos.

Etnias que se matan entre ellas, niños que trabajan en fábricas, campamentos con miles de refugiados, mujeres maltratadas y despreciadas, solamente por ser mujeres. Hombres que trabajan de sol a sol para ganar una miseria, mientras otros se hacen ricos a su costa. Hombres y mujeres perseguidos por predicar ideas diferentes, hermanas y hermanos nuestros encarcelados y asesinados por predicar a Jesús. Y todo esto permitido por las grandes naciones, que están hoy más preocupadas por los bancos que por las víctimas.

Jesús ha prometido Justicia para los débiles, para los oprimidos, para los marginados, para los explotados. Él no olvida a las víctimas de nuestra historia, aunque nosotros sí:
“Por tanto, así les dice Jehová, el Señor: Yo, yo mismo, juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, por cuento empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis.” (Ez 34:20)

Pero, ¿dónde nos deja este mensaje a nosotros? ¿dónde estará su iglesia? Jesús será la voz de las víctimas, y hará justicia para con ellas, pero como pueblo de Dios, ¿estamos siendo hoy la voz de estas víctimas? ¿vamos a quedarnos sentados mientras el mundo vive como quiere? ¿qué es el reino para nosotros? ¿algo que vendrá o algo que puede ser hoy?

En este pasaje del evangelio, no hay palabras de esperanza para nosotros, no hay palabras de justicia, porque no somos víctimas. ¿Qué demandará a Dios una madre somalí cuando la han violado a ella y a sus hijos pequeños? ¿cuando han sufrido las más terribles vejaciones? ¿qué demandará a Dios un padre en Perú cuando su hijo de 5 años tiene que trabajar fabricando cemento para poder comer en vez ir al colegio? ¿qué le pedirá una niña en etiopia cuando su esperanza de vida es de cinco años?

Justicia, porque ellos son las víctimas olvidadas de nuestro mundo, las víctimas sin voz de nuestra historia.

¿Qué haremos hermanos? ¿vamos a seguir sentados en nuestras cátedras esperando que sea Jesús quien haga justicia? ¿o vamos a luchar por nuestra esperanza?

No vamos a poder cambiar el mundo, ojala, pero sí podemos alzar nuestra voz, por los que nos pueden hablar, sí que podemos ser un grano en el culo para los imperios que maltratan la creación de Dios, sí que podemos ser la voz profética de nuestro tiempo que le recuerde a la sociedad que estamos haciendo con nuestros prójimos y nuestras prójimas.

¿Con quién vamos a luchar? ¿por qué vamos a luchar? ¿vamos a luchar por el Reino o vamos a jugar con los poderes de este mundo?

Saludos desde other way,
caminando de otra manera,

Os queremos

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4 responses

20 11 2008
Ignacio Simal

¡Felicidades!

25 11 2008
cuaderno1otherway

Hola Marta, respecto a tu predicación quería dejarte un párafo de Rafa Aguirre en Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana:

“Sin duda hay una analogía funcional entre quienes crucificaron a Jesús en el s.I y quienes descalifican la presentación de Jesús como buena noticia a los pobres de nuestro tiempo. Se trata siempre de bloquear la repercusión real y la capacidad de movilización histórica de la novedad del Dios del Reino.”

Un petonet!!
Jon.

3 12 2008
Joel

No te res a veure amb el tema però esteu vius??

3 12 2008
cuaderno1otherway

Sí noi tenim un email pendent som conscients, la setmana que bé tenim “setmana d’estudis” i podrem donar senyals de vida, que es que no tenim ni un segon!!!!!!!!

Una abraçada tiuuuuuuuuuuuu i gràcies per la teva paciència!!!

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