¿Quienes somos?

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¿Recuerdas cuando eras joven? ¿Recuerdas tus ilusiones? ¿Ves a tus hijos, nietos, sobrinos? ¿Lo ves? Yo siempre he tenido muchas ilusiones, muchos sueños y sigo sin renunciar a ellos, tengo un hijo y tengo sobrinos, tengo primos y veo sus metas, sus vocaciones… os pondré un ejemplo, mi primo pequeño Isaac, cuando el nació, yo tenía nueve años, así que lo recuerdo de bebé, algo que realmente es un privilegio. He vivido todas sus etapas, de bebe, de niño, de adolescente… todas. A él siempre, absolutamente siempre, le gustaron los coches, hoy es mecánico y tiene, con mi cuñado, una franquicia de una importante empresa española de mecánica rápida. Pero todos lo sabíamos, a Isaac siempre le gustaron lo coches.
Tanto Jonathan como yo nacimos durante el baby boom español, al final de la dictadura, el inicio de la democracia, en el gran momento de la historia de España.
Tuvimos clases abarrotadas, llenas de niños, colegios repletos hasta el último hueco, pero, y eso os lo aseguro, un tipo de educación muy excepcional. Nuestros profesores surgían de un franquismo arraigado y un pensamiento común impuesto, pero querían una nueva sociedad, y a ella nos empujaron.
Tanto Jonathan como yo crecimos en iglesias evangélicas, nuestros padres, aunque habían sido católicos en su juventud, se habían convertido al cristianismo evangélico antes de nuestros nacimientos.
Crecimos en sendas iglesias evangélicas, de las Asambleas de Hermanos, viviendo y, sin quererlo, asimilando el mensaje de Jesús en nuestras vidas.
Nos conocimos como sin darnos cuenta, Jonathan empezó a venir a nuestra iglesia, porque teníamos un buen grupo de jóvenes, unos treinta, y empezamos a ser amigos, cosas que surgen, teníamos un amigó común, mi primo Lemuel, que por cierto, fue el padrino de nuestra boda.
Empezamos a salir en 1992, y fueron nueve años de noviazgo, trabajamos juntos en la iglesia, e hicimos todo lo que nos dejaron, porque muchas veces en nuestras comunidades los jóvenes están al margen, ajenos a la vida de iglesia. Pero nosotros queríamos trabajar y lo hicimos.
Queríamos casarnos pero era algo que no podíamos hacer, yo empecé los estudios de Historia del Arte, pero, como tuve que trabajar para costearlos me fue imposible terminarlos. Esperamos que Jonathan acabara los suyos, diseño grafico, y cuando los dos teníamos trabajo nos casamos, en 2001. Realmente fue la culminación de nuestras expectativas. Después de nueve años como novios fue una reafirmación de nuestro convencimiento, de aquello que sabíamos. Estábamos hechos el uno para el otro.
Como matrimonio seguimos trabajando en la iglesia, buscando nuestro lugar, buscando el sitio adecuado, aunque a veces sea difícil encontrarlo.
Pero nunca nos amedrentamos, nunca nos acobardamos, seguimos juntos adelante, sabiendo que encontraríamos nuestro lugar.
A finales de 2003 nos quedamos embarazados, una gran noticia!! Pero las cosas no fueron del todo bien, yo desarrolle una diabetes, tipo I, la que no es gestacional y, al final del embarazo, estuve casi un mes ingresada. Gracias a Dios salimos de ese trauma pero con un mal diagnostico para Enoc, nuestro hijo, lo más probable es que naciera con parálisis cerebral. Una triste noticia.
Pero, gracias, a Dios, todo fue bien, Enoc nació como un niño normal, os diría que más listo que los demás, pero eso es normal como madre.
Hubieron muchas personas nuestro lado, es triste pero en mi familia el dolor de la enfermedad no ha sido ajeno. Pero, en la realidad, no importa. Mi familia es grande, mis padres, mis suegros, mis tíos, mis primos, mis cuñadas, mis sobrinos … todos ellos siempre han estado de nuestro lado, Jonathan, Marta y Enoc, como pequeña representación de nuestra familia siempre nos hemos sentido respaldados, siempre apoyados.
Me gustaría hablaros de todos, de Sara, de Rut, de Judith, de Abigail, mis primas, pero esto es solo un resumen, nuestros amores son mucho más amplios, están también las hermanas de Jonathan, Elisabeth, Ruth y Eva, y sus padres, están mis tíos, en realidad hay tanta gente!!! Y como olvidar a Anna y Luís, mi hermana y nuestro cuñado, aquellos que ya nos han preparado lugar en su casa para que tengamos donde dormir.
En 2007 nos hicimos miembros oficiales de la Iglesia de Betlem de la IEE, del presbiterio de Catalunya, la EEC, fue la culminación de tres de años de trabajo con ellos, con los jóvenes. Creemos que es una de las iglesias más acogedoras en las que hemos estado, una iglesia donde sentirte parte de la comunidad es simplemente un formalismo, un lugar donde la integración predicada por Jesús es una vivencia.
Queremos darles las gracias, porque ellos son un ejemplo, un ejemplo claro de la vivencia del Reino.
Hablábamos de vocaciones, de aquello para lo nos sentimos llamados, y en ese punto estamos nosotros, con una clara vocación y un claro sentido del ministerio, apoyados por los nuestros, y dispuesto a iniciar un nuevo camino, sabiendo que los que nos aman siempre caminarán con nosotros.

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